Paolo Maldini

En 1939, el sociólogo estadounidense Edwin Sutherland acuñaría el concepto del delito de guante  blanco.  Hablaría  de  aquel  profesional en capacidad de transgredir a una corporación, agencia u otra entidad sin invocar a la violencia; patrocinado por la sofisticación y la perspicacia. Sin embargo, la historia nos enseñaría que por incompetencia o temor al ridículo tal vez, una vasta fracción de esos transgresores rehuirían de la lógica de arrollar a ese codiciado bien ajeno  con  astucia  y  la elegancia, para sumirse a la idea del todo vale. A esa idea que ha de entenderse y abreviarse como un simplista, insípido y repulsivo  estilo, independientemente de  la  más  o menos  efectividad  que  se  tenga.
El catenaccio, ese sistema de juego fundamentado en el repliegue sistemático de sus hombres, con un libero de emergencia detrás de la  línea  de  cuatro,  y  el  marcaje férreo  y  celoso  de  su  conjunto  para  cortar las  jugadas  rivales  y  contragolpear  cuando se presente tal oportunidad, siempre con veloces transiciones defensa-ataque, torcería a generaciones de italianos a partir de esa ingente cosecha de triunfos en selecciones y clubes tras ese sórdido verano previo a la Segunda Guerra Mundial -la Italia de Mussolini de  1934  y  1938-.  Trazado   en  los  años  30  por Karl  Rappan,  adoptado en  los  40  por Giuseppe  Viani,  y  aggiornado  y diseminado en Europa  y  Sudamérica  por  personajes  de  la talla  de  Nereo  Rocco, Helenio Herrera o  Enzo Bearzot, entre otros, representaría todo un motivo de culto para su fútbol. El contraste, los amantes y críticos del buen espectáculo. Para ellos, un vil desprecio a la armonía y la atracción. Un desgarro en su estado más  puro. 
El Milan de Nereo Rocco destronando en 1963 a la Benfica bicampeona de Europa, el Inter del argentino Helenio Herrera y su doblete en 1964 y 1965, la  Nazionale  de  Ferruccio Valcareggi  con el primer título en la Eurocopa de 1968 y el subcampeonato en el Mundial de México 1970, los de Enzo Bearzot, el mentor del catenaccio moderno, con el cuarto puesto en Argentina 1978 y la conquista en España 1982, la Juventus de Trapattoni y de Lippi, ama del viejo continente para 1985 y 1996, el Milan de Capello -1991/96- y Ancelotti -2001/09-, referentes y guardianes de Italia y Europa, el combinado de Azeglio Vicini con el cuarto lugar en la Eurocopa de 1988 y el bronce en Italia 1990, el de Dino Zoff y el subcampeonato en la Eurocopa 2000, o el de Marcello Lippi y la proeza en Alemania 2006, constituirían sólo un racimo de los mecanizados e incalculables modelos que, con sus matices, se encerrarían en los lineamientos de esta escuela.
Pero en 1987 asomaría el ignoto de Arrigo Sacchi en el Milan. Sin antecedentes dentro del campo y con nimio roce en condición de entrenador, llegaría para predicar el fútbol total del holandés Rinus Michels, rompiendo con ello esa fórmula que había hecho posible el renacer de un país. Demostrando que existían otras vías. Casi paralelamente a Sacchi -1985-, un jovencito con 16 años debutaría como lateral. Valiéndose de sus dotes naturales, en un puñado de meses se transformaría en un elemento determinante para la construcción junto a grandes como Marco van Basten, Ruud Gullit, Roberto Donadoni, Carlo Ancelotti, Alessandro Costacurta -otro recién aflorado- y el capitán, el central Franco Baresi, de uno de los mejores equipos en los anales de este deporte. Surgía Paolo Maldini, un apéndice perfeccionado  de  su  padre  Cesare.
Seguro de sí mismo, inteligente, rápido para la acción y la reacción, con un riquísimo porcentaje de rentabilidad a la hora de desarticular ataques rivales, leal, de ínfimas rojas, disciplinario, con lectura  de  tiempo y  espacio  y  panorama  de juego, dañino en secuencias aéreas, paradas o en movimiento, confiable de central, mediocampista y lateral izquierdo o derecho, lúcido con la pelota en los pies, de agraciado porte físico -1,86 metros de altura-,  y destinado  a  preservar  la  dinastía  Maldini  con las más de mil participaciones, todo un récord, grabarse la cinta en el brazo como uno de los más destacados del siglo XX, y coprotagonizar la era más celebérrima de su Milan. Sus credenciales...
En una franja históricamente eclipsada por delanteros y volantes creativos, los más cotizados y   encomiados,   estas   inusuales fortalezas en el submundo del catenaccio ratificarían, aun conviviendo en las sombras, porqué la península itálica fue y sigue siendo cuna de heterogéneas leyendas en defensa. La vida y obra del elegante Paolo Cesare Maldini, todo un defensor de guante blanco, se  inaugura  de  esta  manera...


Paolo y Cesare Maldini

Un 26 de junio de 1968, en la ciudad metropolitana de Milán, Lombardía, Cesare y María Luisa Maldini daban a luz a Paolo, uno de los seis hijos de la nutrida familia -Donatella, Alessandro, Pier, Monica y Valentina, los otros-. Influenciado por la historia del padre, un fino y polifacético defensor central comprometido con la Associazione Calcio Milan entre 1954 y 1966, ese precoz apetito que Paolo revelaría por el fútbol. Con 10 años, ingresaría en la academia de dicha institución. Para 1982, al equipo juvenil. Paso  introductorio  a  la  primera...

En las divisiones inferiores del Milan durante su adolescencia

Ese día jugaría con la camiseta 14. Tenía 16 años.

El bautismo

El  20 de enero de 1985, el entrenador sueco Nils Liedholm, fuertemente identificado con el Milan, iniciaba a Paolo Maldini en el fútbol de élite. El marco para  su  bienvenida, la décimo sexta fecha de la temporada 1984/1985 de la Serie A. Reemplazaría como lateral derecho a Sergio Battistini en el partido que finalmente Milan igualaría 1 a 1 con Udinese de visitante. Si bien no se lo volvería a requerir hasta la temporada 1985/1986, sin dubitar Liedholm vaticinaría su devenir: "Tendrá un gran futuro". Un visionario.


La transición 

Para 1985/86, Maldini saborearía lo agridulce de una realidad. Por un lado, se haría con la titularidad. Jugaría 40 partidos entre la liga, Copa Italia  y  Copa de la UEFA.  Por  el otro, el equipo prolongaría esa irregularidad futbolística y financiera que lo caracterizaría desde comienzos de los años 80, acentuada con dos descensos, pese a la contratación del goleador Paolo Rossi, Balón de Oro en el Mundial de España 1982. Por si ello no bastara, la temprana eliminación en tercera ronda de la Copa de la UEFA con el humilde Waregem belga, precipitaría la renuncia de su mandamás, el señor Giuseppe Farina. El insulso séptimo puesto en el Calcio y la coronación de la Juventus, el acérrimo rival, abrocharían una temporada  solo  digna  en  lo  personal.

Inter-Milan, el clásico del norte italiano. En la jornada 12 empatarían 2 a 2. En la 27, Inter vencería 1 a 0 con gol de Giuseppe Minaudo.

El arribo hacia febrero de 1986 de Silvio Berlusconi
Hacia la temporada 1986/87 el Milan incorporaría al volante Roberto Donadoni, al defensa Dario Bonetti, a los delanteros Daniele Massaro (foto) y Giuseppe Galderisi, y al arquero Giovanni Galli, entre otros. 

En la temporada 1986/87, con la asunción del nuevo dueño de la sociedad, el excéntrico empresario italiano Silvio Berlusconi, el equipo adquiriría lenta pero inexorablemente una lozanía en su fisonomía futbolística. Antes que ello, lánguidas producciones en el amanecer de esa temporada terminarían con Nils Liedholm. Se traería provisionalmente a Fabio Capello, de saludable huella por el club como futbolista. El 4 de enero de 1987 se daría el primer gol de Maldini en el 1 a 0 ante al Como. Los números finales del Milan: quinta colocación, sin traspiés en los clásicos con Juventus e Inter (a la Nerazzurri la superaría 2 a 1 en la segunda vuelta), Pietro Paolo Virdis capocannoniere, y boleto para la próxima Copa de la UEFA. Había esperanza...


Arrigo Sacchi. Por este hombre, el Milan prohijaría el fútbol total que el entrenador holandés Rinus Michels volcaría en el Ajax y la selección de su país. Este fluido estilo de juego exigiría de altas condiciones técnicas, físicas y tácticas en sus jugadores...

La edad dorada 

En 1987/88, se acordaría con Arrigo Sacchi para guiar el rumbo de la escuadra. Procedente del  Parma,  prácticamente  su  única  ligazón con este deporte, dictaría una filosofía revolucionaria no solo para el Milan, sino también para el fútbol entero: el fútbol total. Riguroso orden táctico, pressing continuo, es decir, un bloque monolítico ahogando de forma metódica y constante  al  rival,  cambio de  posiciones  a  gran  velocidad,  no  más  de un metro de separación entre uno y otro compañero, defensa en zona, uso de  la  táctica del  offside, posesión casi absoluta de la pelota, y jugadores polivalentes, ergo, haciendo en múltiples momentos y sucesivamente las veces de delanteros, centrocampistas y defensores, serían las principales cualidades de este fútbol total que por antonomasia se lo conocería como el "Milan de Sacchi" o "los inmortales de Sacchi".  

Algunas figuras de ese Milan: Marco van Basten, Daniele Massaro, Ruud Gullit, Roberto Donadoni, Carlo Ancelotti, Franco Baresi, Paolo Maldini...

En meses, estos actores denunciarían que cada cual era parte del engranaje de una maquinaria muy bien aceitada. El once, frecuentemente con: Giovanni Galli, Filippo Galli, Mauro Tassotti, Franco Baresi, Paolo Maldini, Angelo Colombo, Alberigo Evani, Carlo Ancelotti, Ruud Gullit, Pietro Paolo Virdis y Daniele Massaro -Marco van Basten, por una lesión, se ausentaría buena parte de la temporada-. Tras quedar eliminado de  la  Copa  de  la  UEFA  en  la  segunda  ronda con el Español de Barcelona, las fuerzas se concentrarían en lo doméstico. Las victorias con el Inter y el Napoli de Maradona, puntero a falta de cuatro fechas, inclinarían la cuestión para el Rossonero. A ocho años de la última Serie A, se consumaba la epopeya: ¡Milan campeón!


Para la temporada 1988/89, el Milan se reforzaría con el volante ofensivo, el holandés Frank Rijkaard, conjugando así un trío con Gullit y van Basten de altísimos dividendos. Con la primera edición de la Supercopa de Italia en el cofre  -3-1  a  la  Sampdoria  en  mayo  de  1988-, en  septiembre  atendería  la Copa de Campeones de Europa -sin los proscritos ingleses- a la que se reaparecía luego de casi diez años (1979/80 la última). La alineación, salvo algún contratiempo, se recitaría de memoria: Giovanni Galli, Mauro Tassotti, Alessandro Costacurta, Franco Baresi, Paolo Maldini, Angelo Colomo, Frank Rijkaard, Carlo Ancelotti, Roberto Donadoni, Ruud Gullit y Marco van Basten. 
En los dieciseisavos de final, se desprendería sin sudar de la débil Vitosha Sofía de Bulgaria con un global de 7 a 0. En octavos de final, eliminaría en  la  tanda  de  penales  al  Estrella  Roja  de  la ex Yugoslavia. En cuartos de final, al Werder Bremen por un estrecho 1 a 0. En semifinales, al Real Madrid de los delanteros Hugo Sánchez y el carismático Emilio el Buitre Butragueño, entre otros; responsables de bajar en la serie anterior al campeón PSV Eindhoven. Esa noche, el San Siro testificaría uno de los más exquisitos repertorios de la era Sacchi. Con Gullit, Ancelotti y Donadoni como los portavoces del circuito de juego, el Milan destriparía por 5 a 0 a un oponente timorato y sin rebeldía. Se regresaba así a una final de Copa de Campeones de Europa dos décadas después...

Uns exhibición en el San Siro. En el Santiago Bernabéu, por el partido de ida, habían empatado 1 a 1.

El 24 de mayo, en el Camp Nou de Barcelona, el Milan enfrentaría al Steaua Bucarest rumano, rey de Europa en 1986. Si lo expresado con los españoles había sido de cuantiosa calidad, lo del match por la Orejona no discreparía un ápice. Con sus armas más talentosas, la dupla de ataque, implacables, los italianos liquidarían el pleito en 45'. Los dos de Gullit y los dos de van Basten, el segundo al minuto del segundo tiempo, colorearían un imponente 4 a 0 final. Con intensidad, autoridad y sin fisuras, tanto con los españoles como con los rumanos, el Milan de Sacchi besaba así su primera Copa de Campeones de Europa (la tercera para el club). Para el anecdotario el pronto adiós en la Copa Italia, la tercera plaza en la Serie A, o que se la granjeara el Inter. Para el Milan se concluía una temporada  formidable. 

Los holandeses Gullit, van Basten y Rijkaard

El  7 de diciembre, por los tantos de van Basten y Evani, los lombardos se apoderarían de la Supercopa de Europa: 2 a 1 al Barcelona -1 a 1 en Cataluña y 1 a 0 en Milan-. El 17, la frutilla del postre: la Copa Intercontinental ante Atlético Nacional de Medellín, el monarca de América. Por  otro  aporte  en  la  red  de  Alberigo  Evani  -a  60 segundos de definir por los doce pasos-, los europeos derrotarían 1 a 0 a los colombianos quedándose así con su segunda Intercontinental.

Evani ya había convertido en la Supercopa de Europa contra el Barcelona. El 17 de diciembre, lo haría con los colombianos.

Para 1989/90, la ecuación viraría en cierto grado con relación a lo futbolístico. No obstante, los de Sacchi proseguirían fascinando a propios y extraños con su particular performance y ola de triunfos. El mundo los reducía a una especie de selección creada para las batallas más deseadas. La Serie A sería en abril para el Napoli de Maradona. El Rossonero y los del sur pelearían palmo a palmo hasta las instancias culminantes por el Scudetto. Las 19 anotaciones de van Basten en 34 fechas servirían meramente para vestirse de goleador. En la Copa Italia se accedería a la final, mas la Juventus de Dino Zoff daría el zarpazo de visitante. Lo batía 1 a 0 en ese mismo mes. Otro subcampeonato para los milanistas en un abril amargo. Para mayo, la redención...  


El Milan se adjudicaría el bicampeonato en el plano internacional, algo que no se perpetrada desde las temporadas 1978/79 y 1979/80 con el Nottingham Forest inglés. En los dieciseisavos de final, la víctima sería el HJK Helsinki gracias a un lapidario 5 a 0 en el cúmulo de los dos encuentros. En octavos de final, el Real Madrid. En esta ocasión, sufriendo: 2 a 0 en Italia, 0-1 en España. En cuartos de final, el Malinas de Bélgica. Irónicamente, la llave en la que tal vez más incómodo se lo notaría al Milan: 2 a 0 recién en tiempo extra. En semifinales, tumbaría al  gigante  Bayern  Múnich.  En  la  ida,  con  un 1 a 0 que dejaría la ceñida serie por decidirse en Alemania. En Munich, con el gol en la prórroga de Stefano Borgonovo. Los teutones derrotarían ese día a los italianos en un atrapante duelo, pero lo harían por 2 a 1. Por ese gol como visitante, el Milan avanzaba una vez más a una final en Europa. 


En el estadio Ernst Happel de Viena y versus Benfica,  con  quien  habría  de  debatirse  el  23 de mayo. En un partido apenas discreto, el derechazo a quemarropa y a los 23' del complemento de Frank Rijkaard a Silvino Louro, le alcanzaría al Milan para sumar una nueva Copa de Campeones de Europa, la segunda en dos  años.

Rijkaard agarraría mal parados a los portugueses. No perdonaría...

En noviembre, retendría la Supercopa de Europa al deshacerse de la Sampdoria por 3 a 1 -1-1 y 2-0-. Evani, Gullit y Rijkaard, figuritas que reincidían  en  el  gol.  En  diciembre,  sería  el turno otra vez de la Copa Intercontinental. El aplastante 3 a 0 a Olimpia de Paraguay en una ráfaga de casi 20 minutos, certificaría una verdad irrefutable: incluso fluctuando su volumen de juego en varios momentos de 1989 para acá, ningún club hasta allí había generado algo similar. El  Milan  seguía  revolucionando... 

Milan 3 - Olimpia 0. Goles: Rijkaard (2) y Stroppa (1). Maldini saldría a los 22' por una lesión en el hombro.

La temporada 1990/91 se teñiría de negro para los italianos a causa de un desafortunado suceso. En  Francia,  por  los  cuartos de final  de la Copa de Campeones de Europa, Milan y Olympique de Marsella se verían las caras para destrabar el 1 a 1 en Italia. Con  los  franceses  ganando 1 a 0,  a minutos  de  la  finalización  algunos  reflectores se apagarían. Remisos a aguardar por la recomposición del sistema de iluminación, Sacchi y sus muchachos no vacilarían en marcharse del campo. Previsiblemente, el árbitro le concedería los tres puntos al Marsella. El Milan se echaba de la Copa de Campeones de Europa de un modo irrisorio,  no  coherente  con  lo  forjado. 

La UEFA le impondría una sanción ejemplificadora al Milan: suspensión por un año para toda competencia de carácter internacional. La extorsión no se apañaría...

En el ámbito interno, en diciembre de 1990 a Franco Baresi se lo elegiría jugador del año. En la Copa Italia, se sucumbiría con la Roma, próxima campeona, en las semifinales. En mayo de 1991, se conseguiría el subcampeonato de un Scudetto ganado por la inesperada Sampdoria. Acto seguido, Arrigo Sacchi dimitiría para asumir las riendas de la selección italiana. El Milan  escribía   así  su  era  más  majestuosa...


La cima, roja y negra 

Para la temporada 1991/92, un pariente milanista ocuparía el mando: Fabio Capello. Conforme corrieran los acontecimientos, al oriundo de la provincia de Gorizia se lo distinguiría por su don para la motivación, el desarrollo de un estricto trabajo y el adoctrinamiento  táctico  de  sus  jugadores...

A diferencia de 1986, ahora Capello sería oficializado como el entrenador titular


Sin objetivos en el exterior a raíz de la multa de la UEFA, los lombardos se abocarían de lleno a la Serie A. Con un registro de 56 unidades, 22 triunfos, 12 empates y 74 goles,  25  de  ellos  por su capocannoniere, el holandés van Basten, se recibirían de campeones quebrantando además un récord que desde 1979 con el Perugia no se originaba: la imbatibilidad. Goleadas del calibre del 5 a 0 al Napoli o el 5 a 1 a la Sampdoria, se instalarían entre las más memorables en mucho tiempo. Consecuencia de esto, el mote de "los invencibles"  que  la  prensa  les  implantaría.


La Copa Italia le sería esquiva en las semifinales del mes de abril y por la Juventus de Giovanni Trapattoni. El desquite para el Milan, en agosto de ese 1992 en el San Siro y por la Supercopa de Italia: 2 a 1 al Parma -van Basten y Massaro los goles-. El Milan estaba de vuelta...


Para la temporada 1992/93, en virtud del reencuentro con lo que más lo excitaba, la Liga de Campeones de la UEFA -se modificaría su nombre y el diseño de competición-, la junta directiva reforzaría la plantilla con un arsenal. En lo deportivo, en un discutido mano a mano con el Inter, los de Capello se acreditarían el bicampeonato de la Serie A. Ya no de forma invicta, pero sí en términos de solidez  y  eficiencia...

Algunos de los nenes que llegarían al Milan 1992/93: el delantero francés Jean-Pierre Papin, Balón de Oro en 1991, el mediocampista croata Zvonimir Boban, el centrocampista montenegrino Dejan Savićević, y los italianos Stefano Eranio -mediocampista y lateral- y el mediapunta Gianluigi Lentini. 

La Copa Italia sería casi una fotocopia de antaño. La Roma  los  frenaría  en  semifinales. En agosto de 1993, la compensación. Marco Simone le brindaría en Washington, Estados Unidos, la Supercopa de Italia con su gol ante el Torino, ganador de la Copa Italia.


En la Liga de Campeones, con un renovado nombre  y  formato,  bellos  augurios  arroparían a  este  Milan  tras  su  juego  y  resultados  de primera y segunda ronda -equivalente a los dieciseisavos y octavos de final-. Contabilizando estos cuatro cotejos, encajaría doce goles. En su portería, cero. Ya en la zona de grupos -dos de cuatro, los punteros iban a la final-, arrasaría de punta a punta. Seis de seis, con once anotaciones y tan solo una en contra -IFK Göteborg 4-0/0-1, Porto 1-0/0-1, PSV Eindhoven 2-0/1-2-. El Milan volvía a una final. El contrincante, el Olympique de Marsella de Barthez, Desailly, Deschamps y Völler. Una reminiscencia de aquella herida que todavía no curaba. Si la lógica se cumplía, los italianos levantarían la quinta Orejana ese 26 de  mayo.


Las alternativas se dividirían en dos. En el primer capítulo, con la manija de Donadoni, el Milan dispondría de las más suculentas chances de gol. Massaro y van Basten despilfarrarían cerca de media docena... Por su cuenta, los franceses se arrimarían un par veces. Una de ellas, a los 44', la que valdría el campeonato. Centro en un tiro de esquina de Abédi Pelé, cabezazo que inflaría la red del libero Basile Boli. En el segundo tiempo, un Marsella rígido se recluiría en su campo. El Milan, inconexo y sin ideas, apelaría a los pelotazos y jugadas aéreas. En el epílogo, sustituirían  a  van  Basten por una seria y antigua lesión en el tobillo derecho. Increíblemente, al equipo de Berlusconi se le escurría como agua entre los dedos el torneo de clubes más importantes. Para van Basten sería el retiro al no recuperarse de sus persistentes problemas físicos -la noticia se daría en 1995-. Sus compatriotas Gullit y Rijkaard,  más  Alberigo  Evani,  emigrarían.
Por su buque insignia, el Olympique de Marsella,  Francia  se  congraciaría  con  la  Liga de Campeones. Lastimosamente, la tropelía, el soborno y la corrupción invadirían al Olympique, empañando con ello tal hazaña. A su presidente, el señor Bernard Tapie, se lo culparía de amañar certámenes de la liga francesa. Al club se lo degradaría con el descenso y vetaría por un año para todo evento de la UEFA -regiría para la Copa Intercontinental 1993, en la que por defecto  lo  supliría  el  Milan-.


El 12 de diciembre, los europeos y el San Pablo de   Telê   Santana   se   toparían   en   Japón  por   la   Copa  Intercontinental.  Los   brasileños, bicampeones de América y soberanos del mundo, sorprenderían con el 3-2. La predisposición, audacia y eficacia de los dos para atacar, conllevaría a que el mediocampo sea casi un sector de poca lucha... Massaro y Papin emparejarían el tanteador en el 0-1 y 1-2. A los 88', Müller impondría su jerarquía: San Pablo refrendaba su vigencia mundial. Para el Milan,  otra  frustración.

Al margen de Daniele Massaro y Jean-Pierre Papin, los autores de los dos goles de ese día, el Milan jugaría con Marcel Desailly, Christian Panucci y Florin Răducioiu, sus nuevos refuerzos. Un equipazo.

En enero y febrero de 1994, Milan y Parma de Asprilla y Sensini chocarían por la Supercopa de Europa correspondiente a la temporada 1992/93. En el estadio Ennio Tardini, el asunto parecería solventado para el Milan. El 1 a 0 por el gol de Jean-Pierre Papin sería la prueba de ello. Sin embargo, en el San Siro, sueltos de presión y cautivos de su desparpajo, los de Nevio Scala pondrían sobre la mesa cuan impredecible y bonito suele ser este deporte: a los 23' y 95' -tiempo suplementario-, Sensini y Crippa silenciarían a 24 mil almas. Al Rossonero se le esfumaba la tercera  final en ocho meses.


El Milan de Capello permanecería intransigente en su tesitura: por más títulos que se escaparan de sus garras, ese enfoque futbolístico proclive al catenaccio no se negociaría. En la temporada 1993/94 abrazaría el tricampeonato de la Serie A. Con 50 unidades, tres más que su perseguidor, la Juventus, reafirmaría la hegemonía en el país. En la Copa Italia, la frágil Piacenza le propinaría un  trompazo  en  octavos  de  final... 


En la Liga de Campeones, como en 1993, se colaría en la fase de grupos sin despeinarse al someter al Aarau de Suiza 1-0 en el global y el Copenhague  de  Dinamarca  7-0  en  el  global. Ya en el grupo B con Porto, Werder Bremen y Anderlecht, sus 8 puntos -2 victorias y 4 empates- lo eyectarían a las semifinales. Del otro lado, Mónaco, segundo en el grupo A. El 3-0 en el San Siro ante los del principado -se jugaba un solo partido por reglamento-, invitaba a una reflexión: ¿podría el rimbombante Barcelona de Romario y Hristo Stoichkov, finalistas al borrar 3 a 0 al Porto, fastidiar a los italianos ese 18 de mayo? La respuesta, un no estrepitoso. El Milan de  la  triple  G  ganaría,  gustaría  y golearía  por 4  a  0 con  los  goles  de  Massaro (22'  y  45'), Savićević  (47') y Desailly (59'). Una aplanadora que lo reconvertía en el patrón de Europa.

De izquierda a derecha: Maldini, Savićević, Capello y Massaro posando con la Orejona. Era la tercera en seis años.

En agosto, por la Supercopa de Italia, el Milan sortearía a la dura Sampdoria en los tiros de castigo  -1 a 1 en los 120'-. En  diciembre,  fuera de todo cálculo, se perdería por la Copa Intercontinental 2 a 0 con el Vélez Sarsfield de Carlos Bianchi. Opaca fotografía la del Milan, que asimismo malgastaba su segunda bala en tierras  japonesas


La temporada 1994/95 se traduciría como el principio del fin para Capello y compañía. En la Serie A, cuartos -Juventus los desbancaría- y fuera de los puestos de Champions . En la Copa Italia, cual hábito, en este caso se despedirían en octavos de  final ante el Inter. En  febrero,  un aliciente: ganarían la Supercopa de Europa al despachar 2 a 0 en el San Siro al Arsenal inglés -0-0  la  ida-. 


En la Liga de Campeones, que corregía otra vez su formato, los milanistas esbozarían una flaca imagen por buena parte de la competencia. En lo que aparentaba ser una zona sencilla -Ajax, Casino Salzburgo  y  AEK Atenas,  escalarían  a los cuartos de final en calidad de segundos, distanciándose de los austriacos por mejor diferencia de gol -vale aclarar el descuento de la UEFA de dos puntos y la pérdida de la localía por dos jornadas, a razón de unos incidentes con Casino Salzburgo-. 
En cuartos de final, y ya en el San Siro, el rendimiento mutaría considerablemente: el 2-0 con el Benfica casi que cocinaría el asunto. En Lisboa, el  0  a  0 -con algo de fortuna- lo confirmaría. Las semifinales serían lo más elogiable de ese 1994/95 para el Milan: minimizarían  al  PSG  por  3 a 0  -2-0  en  Italia, 1-0 en Francia-. De esta manera, se penetraba en la final, la tercera en tres años. El vistoso y pujante Ajax de Louis van Gaal, padecido por duplicado  en  la  fase  de  grupos,  el  escollo... 

Milan-PSG

Un Milan aplicado en la marca y ambicioso de gol,  dibujaría  las  más  nítidas  situaciones  ese 24 de mayo en Viena. Massaro y Simone desperdiciarían lo que no dudarían en lamentar. Por su parte los holandeses, mucho menos profundos de mitad de cancha hacia adelante que en otros encuentros, apenas intimidarían con Seedorf, Kanu y Ronald de Boer. La historia se moría en el 0, cuando a los 85' el joven Patrick Kluivert señalaría el 1 a 0 -pase de Rijkaard-. Para los de Capello, ya sin tiempo, era otro logro que  se  les  fugaba.


En la temporada 1995/96, sin Liga de Campeones a la vista, uno de sus cañones apuntaría a la Copa de la UEFA. El Girondins de Bordeaux del Zinedine Zidane lo noquearía en cuartos de final por 3 a 0. Insólito si se tiene en cuenta que en la ida el Milan se afianzaba con un 2 a 0. En la Copa Italia, desde los doce pasos el Bologna lo quitaría en cuartos de final. El alivio: la Serie A. Con George Weah y Roberto Baggio -fichados en julio de 1995-, Marco Simone y Dejan Savićević de abanderados, el Milan se aseguraría el decimoquinto Scudetto al juntar 70 puntos, ocho más que la Juventus, campeón  de  Europa  a  los  días...


Enseguida, Fabio Capello se mudaría al Real Madrid. Lo llamarían al uruguayo Óscar Tabárez. Su estreno, en agosto, en el San Siro, y por  la  Supercopa  de  Italia  ante  la  Fiorentina de Gabriel Omar Batistuta. Con dos goles del argentino, los de Florencia vencían al Milan. 


Convulsión, parte II

Con la salida de Capello se extinguirían las mieles de la abundancia para darle cabida a los desbarajustes y la contrariedad. Con el uruguayo Tabarez se manifestaría, pero entre enero y julio de 1996 ya se entrevería. Se repatriaría a Arrigo Sacchi para comandar los hilos de la temporada 1996/97,  y  así  intentar  contrarrestar  la  crisis futbolística del plantel. No obstante, el Milan continuaría naufragando en el desconcierto y mareo total. El injustificable revés (1-2) con el inferior Rosenborg noruego por la sexta fecha de la Liga de Campeones, grupo D, -el empate lo metía en cuartos de final-, el nocaut en cuartos de final de la Copa Italia, y el décimo primer puesto en la Serie A,  derivarían en que un estéril Sacchi partiera en diciembre. Regresaría Fabio Capello.

Franco Baresi se jubilaría en julio de ese 1997. La cinta de capitán iría a parar al brazo de Paolo Maldini. 

El deteriorado y alarmante cuadro se mantendría para la temporada 1997/98 a pesar de incorporar a dieciocho jugadores, entre ellos Kluviert y Leonardo. Décimo en la Serie A. La Liga de Campeones, por televisión. En la Copa Italia se pulverizaría al Inter en cuartos de final por 5-1 en el global, y se volvería a una final. En abril, la Lazio le arrebataría ese título que desde 1977  no  yacía  en sus  vitrinas:  1-0  en  San Siro y  1-3  en  el  Olímpico  de  Roma.


Se suplantaría a Fabio Capello por Alberto Zaccheroni -al multicampeón le darían un rol de colaborador con el club-. A una década del natalicio de este poderoso e inigualable club, veinticuatro meses de sequías, normalmente con una nómina muy competitiva, aturdían sobremanera.  No  por  mucho  más...

Italia bicolor

Con Zaccheroni, más la inserción de Oliver Bierhoff,Roberto Ayala, Andrés Guglielminpietro, Thomas Helveg, etc, los lombardos finalmente emergerían del letargo. Con un 3-4-3 de esquema táctico y sedientos de emociones, ganarían en el año del centenario la Serie A de la temporada 1998/99. Siete victorias en cadena en la vibrante recta final, le facilitarían la liga. La Lazio, su verdugo en los octavos de final de la Copa Italia, sería escolta por un punto. En agosto de 1999, se perdería con el Parma de Ariel Ortega y Hernán Crespo por la Supercopa de Italia: 1-2 en el San Siro (a un solo partido).


2000/02, años para el olvido

Con el despertar del siglo XXI, al Milan lo azotarían de todos los frentes. En la Liga de Campeones de la temporada 1999/2000 sería colista en primera ronda. En la Copa Italia, el Inter lo derrotaría en cuartos de final. En la Serie A finalizaría 3°, lejos de la Lazio -1º- y la Juventus -2º-. Entre tantas malas, una buena. Muy buena. Aterrizaría proveniente del Dínamo de Kiev el delantero  ucraniano  Andriy  Shevchenko.

Con los años, Shevchenko se transformaría en  el segundo máximo goleador en la historia del AC Milan...

En  marzo  de  2001,  al Milan  se  lo  eliminaría en la segunda fase de la Liga de Campeones 2000/01, y se relevaría del cargo al entrenador Alberto Zaccheroni. La vacante sería para Mauro Tassoti y Cesare Maldini. Lo rescatable de una Serie A en la que terminaría 6°, el estruendoso  6-0  al  Inter del  11  de  mayo  de  ese  2001.  En la Copa Italia lo derrotaría la Fiorentina  en  semifinales. 

Padre e hijo (2001). Tras quedar afuera de la Liga de Campeones en el grupo B conformado por Deportivo  La Coruña, Galatasary y PSG, Mauro Tassoti y Cesare Maldini reemplazarían de forma interina a Alberto Zaccheroni...

El entrenador Carlo Ancelotti, el tercer virrey de los últimos 35 años del Milan...

Para junio de 2001, Cesare Maldini sería sustituido por Fatih Terim, aunque inicialmente y hasta diciembre permanecería en el club como asesor  del  entrenador  turco.  Quince  partidos le bastarían a la comisión directiva para despedir  a  Terim. En  noviembre  se  contrataría a Carlo Ancelotti. Poco podría hacer en esa temporada 2001/02: 4° en la Serie A. Semifinalista de la Copa Italia. En Copa de la UEFA, Borussia Dortmund, a la poste subcampeón, lo eliminaría en semifinales por un global de 5 a 3. Lo positivo, la entrada en suelo milanista de los volantes Manuel Rui Costa, Andrea  Pirlo,  el  delantero  Filippo  Inzaghi...


Un boom en el desenlace...

Con la temporada 2002/03, el Milan iniciaría su tercer ciclo de grandes éxitos (1987/1990), (1991/1995), y Paolo Maldini se adentraría así en el anochecer de su brillante trayectoria. En la Serie A Juventus se apropiaría del campeonato: Inter 2º, Milan 3º. En mayo de 2003, después de años de abstinencia, el Milan ganaría la Copa Italia. Acabaría en la final con la Roma por un global de  6  a  3  -1-4  y 2-2-. 


En la Liga de Campeones cultivaría el factor suerte como hacía rato no le sucedía: en la ronda preliminar se clasificaría por el valor extra del gol a domicilio -1-0 y 1-2 con Slovan Liberec de República Checa-. Ya en el grupo G, sería primero y sin mayores inconvenientes. En la segunda fase, idéntica a la antecesora, primero otra vez (grupo C). 

Para los cuartos de final el Milan se mediría  con Ajax. El 0 a 0 en Holanda hacía presagiar una tarea no menos que compleja en el San Siro. Con un Ajax insolente y pretencioso, hasta los 90' el 2 a 2 parcial condenaba a los de Ancelotti. Hacia los 91', ya casi sin resto, el danés Jon Dahl Tomasson haría el angustiante gol con el que el Milan pasaría a semifinales. Su próximo retador, el Inter. En el Giuseppe Meazza los 180'. Primeros 90' con el Rossonero como local, paridad: 0 a 0. Segundos 90', más paridad pero esta vez por 1 a 1. El gol de Shevchenko internaba al Milan en otra  final  de  Europa.  Tocaría  la  Juventus.


Del Piero y Maldini, los capitanes

De un bando Marcello Lippi, del otro Carlo Ancelotti. Un pasado en la Juventus y la convicción por el catenaccio serían las dos mayúsculas  intersecciones  que  habría  entre  el ex defensor y ex volante. Justamente el catenaccio y el rotundo 0 a 0, tal vez expliquen el porqué de tan sosa final. De las peores de los años 90 en adelante. En los penales, tal como en otros episodios, la fortuna le sonreiría a los milanistas: 3 a 2 y sexta Liga de Campeones para  su  portentosa  historia.

El entrenador Carlo Ancelotti se jactaría de portar la Orejona como jugador y ahora como técnico  
Maldini alzando la sexta la Liga de Campeones del Milan. Para él, la cuarta...

El 3 agosto de ese 2003, en Nueva Jersey, Estados Unidos, la ironía de este fútbol le ofrendaría a la Vecchia Signora la Supercopa de Italia por penales. Sí, por la misma senda que en mayo lo mofaba. El 29 de agosto, la rectificación para el Milan por la Supercopa de Europa y ante el Porto: 1 a 0 -Shevchenko- en el Principado de Mónaco.

 Juventus y Milan igualarían por la Supercopa de Italia 1 a 1 al cabo de los 120'. Trezeguet (107') y Pirlo (106') los goles. Los penales, para los de Turín.
Maldini con la Supercopa de Europa

En diciembre, los de Ancelotti cobrarían otra ofensa. El Boca de Carlos Bianchi los vencería por la Copa Intercontinental con un Roberto Abbondanzieri decisivo en los traicioneros tiros de castigo: 1 a 1 en los tácticos y  apretados  120' -Tomasson  y  Donnet  los  goles-.


En la temporada 2003/04, con la inclusión de los brasileños Kaká y Cafú, el Rossonero recapturaría a sus anchas la Serie A. La Copa Italia se le negaría por poco: perdería en semifinales  con  la  Lazio -la campeona-. 

La última Serie A que ganaría Paolo Maldini

En cuanto a la Liga de Campeones, en esta se establecería el preludio de una seguidilla de tragicómicas derrotas.Una vez librado de la fase de  grupos  y  los  octavos de  final con facilidad, el Deportivo La Coruña se entrometería en su horizonte por los cuartos de final. A priori los españoles no asustaban; el abultado 4 a 1 en el San Siro así lo demostraría... Con un resultado casi irremontable, el Dépor planificaría los otros 90' solo soñando con un milagro. Pues bien, el milagro se le daría. En el Riazor, los españoles triturarían 4 a 0 a un impasible Milan. Una catástrofe  inédita. 


En agosto de 2004 enderezaría el traumatizado barco al ganar la Supercopa de Italia: 3 a 0 a la Lazio -Shevchenko a los 36', 43' y 76' los goles-.


En  la  temporada  2004/05  el  Milan  recibiría otro golpe por demás delicado de digerir. El subcampeonato en una Serie A secuestrada por la Juventus y la prematura expulsión en la Copa Italia, serían solo una parte de tales sacudones. 

Con motivo de un fallo emitido en julio de 2006 por la Federación Italiana de Fútbol, el cual se relacionaría con las escuchas del Calciopoli, a Juventus se lo despojaría de los títulos de la Serie A de las temporadas 2004/05, 2005/06, y  se lo enviaría a la Serie B. Milan también tendría su penalidad...

En la Liga de Campeones, el Milan circularía casi a control remoto hasta la final. Lideraría el grupo F -Milan 13, Barcelona 10, Shakhtar Donetsk 6, Celtic 3-. En octavos y cuartos de final saldría ileso con suma suficiencia: 2 a 0 al Manchester United  -1-0  y  1-0-,  y  3 a 0  al  Inter -2-0 y 1-0. En semifinales, a diferencia de Manchester e Inter, el PSV sí vendería cara la derrota. En Italia, el Milan vencería por 2-0. En Holanda, los de Ancelotti necesitarían de un gol sobre  la  hora  para  clasificarse, tras el 1-3 abajo, a la final. Liverpool, la barrera que se le interpondría a su séptima Orejona. Para la leyenda sería la séptima final que jugaría -1989, 1990, 1993, 1994, 1995, 2003, 2005-. 

El partido de vuelta se suspendería a los 73' por bengalas de los hinchas del Nerazzurro
Ambrosini marcaría cuando con el tanteador 0-2 ya se relamía el tiempo suplementario. De forma agónica el Milan se iba a Estambul...

Con los ingleses en un inadmisible sopor, a los 51 segundos Maldini marcaría el gol más rápido de  una  final.  Revitalizado por este trepidante arranque, y abusando de la fragmentación táctica de los Reds, el Milan administraría el ritmo y la pelota a voluntad. A los 39', Crespo el 2 a 0. A los 44', poesía de Crespo para el 3 a 0. Una filarmónica italiana tocaba en Turquía con el Liverpool oficiando de telonero. En la segunda mitad, el renacimiento del fútbol... Ese que fracturaría la sensatez concebida hasta allí. Los de Rafael Benitez nivelarían en 15' lo que jamás se había visto, al menos en una final europea. Lo técnicamente imposible para medio siglo de esta Liga de Campeones, se hacía posible en un racimo de minutos. Steven Gerrard a los 54', Vladimir Šmicer a los 56' y Xabi Alonso a los 60', estamparían el épico 3 a 3. El defensa Traore y su providencial pie prevendrían el 3-4 de  Shevchenko.  En  tiempo  extra,  el  portero Jerzy Dudek desviaría cual Mesías un cabezazo y derechazo de Shevchenko en una doble maniobra. Confinados al dramatismo de los penales, la pesadilla concluiría su argumento para  los  de  Capello. El  3-2  con  Jerzy  Dudek de héroe y Andriy Shevchenko de villano, cubriría al Liverpool con la gloria eterna. Era el "milagro de Estambul". Para el Milan de Paolo Maldini, una  herida  muy  difícil  de  cicatrizar... 


La temporada 2005/06 implicaría más desazón para los lombardos. La Serie A, a un océano de distancia, aunque claramente condicionada por la penitencia de 30 puntos con la que se lo castigaría al comprobarse una conspiración con Juventus, Lazio, Fiorentina y Reggina para la designación de árbitros -escuchas del Calciopoli-. En la Copa Italia, lo derrotaría en cuartos de final los sicilianos del Palermo. En la Liga de Campeones, en semifinales el Barcelona de Ronaldinho, Iniesta, Deco  y  Eto'o...


Una vez obtenido el grupo E por su 3-2 contra el Schalke 04, en marzo y abril de 2006 trasladaría esa onda ganadora ante el Bayern Múnich y Olympique de Lyon por los octavos y cuartos de final, en esta instancia con los franceses no sin vérselas negras: 3 a 1 -0-0 en Lyon y 3-1 en Milán-. Hacia la semifinal con Barcelona, Giuly a los 57' le otorgaría la victoria a domicilio a los Culés. Ya en Cataluña, con el resultado 0 a 0, resultado que no se movería, el árbitro le invalidaría de forma muy polémica un gol a Shevchenko. Sea como sea, para el Milan sería  otra  decepción...

Ambos encuentros estarían llenos de emotividad. Gilardino y Ambrosini fallarían situaciones casi inmejorables. En la vuelta, el déficit de Eto'o y Giuly privaría a los españoles. Maldini no jugaría este segundo partido en el Camp Nou.

Para la temporada 2006/07 ya no estarían los goles de Andriy Shevchenko, transferido por 45 millones de euros al Chelsea. 
Por el escándalo de las conversaciones telefónicas de diversos dirigentes de clubes de la Serie A, conversaciones que estos sostendrían con varios oficiales del fútbol italiano buscando con ello influir en la asignación de árbitros favorecedores, el denominado caso del Calciopoli, la Federación Italiana de Fútbol le haría una extracción de 8 unidades al Milan, y forzaría a dimitir al dirigente Adriano Galliani, vicepresidente de la institución. 

La temporada 2006/07 en la esfera local transcurriría con minúsculas variaciones para el Milan: cuarto a un río y dos lagunas del Inter de Roberto Mancini -Inter 97, Roma 75, Lazio 62, Milan 61-. Por la Roma, solo penetraría hasta las semifinales en la Copa Italia. En la Liga de Campeones, al fin y al cabo se liberaría de ese estigma que con crudeza lo oprimía desde 2004. Con el liderazgo de Kaká, el Milan resurgiría de sus cenizas cual ave Fénix: conquistaría su séptimo  trofeo  de  Europa.  


Maldini llegaría a su partido 100 en Liga de Campeones.
Además de la quita de 8 puntos para la temporada 2006/2007 de la Serie A, y una multa de 100 mil euros, todo a causa de las sanciones por el caso del Calciopoli, el Milan también se vería afectado a jugar una fase previa en la Liga de Campeones, a pesar de haberse clasificado directamente para la fase final (de grupos).

Su periplo, como en la edición de 2002/03, comenzaría en la ronda previa, en este caso ante el Estrella Roja: 3 a 1 en el global -1-0 y 1-2-. En  un  grupo  sin  rivales  de  fuste, como  era de esperarse, el Milan finalizaría primero. En octavos de final enfrentaría al Celtic. Tras más de 180' sin que nadie rompiera el cero, a los 3' del tiempo sumplemtario Kaká depositaría al Milan en los cuartos de final. 
E
l 2 a 2 en el San Siro con Bayern Múnich obligaría a los de Ancelotti a la hazaña en el Allianz Arena de Alemania. Hazaña que se materializaría. Acudiendo al cerrojo defensivo, rápidas transiciones defensa-ataque y la contundencia ofensiva, catenaccio auténtico, matarían a  los  bávaros  en  algo  más de 30': los goles, a los 27' Seedorf y a los 31' Inzaghi -en offside-.  A  semifinales.

Manchester United vencería de forma pírrica 3-2 en el Old Trafford. En el Meazza, un Milan inteligente, con oficio y madurez para este tipo de bailes, se aprovecharía de los tiernos ingleses  al  vencerlos  por  3  a 0.  A  otra  final. El  rival,  un  viejo  conocido:  el  Liverpool...
Kaká, Seedorf y Gilardino anotarían los tantos con los que este resolutivo Milan barrería al Manchester United

En  contraposición  a  la  final de 2005,  en  esta y por buena parte las acciones se centralizarían en la mitad de la cancha. Salvo por dos disparos  ingleses, los de Jermaine Pennant y Xabi Alonso, ni el Liverpool y ni el Milan serían verticales. Hacia los 45', con un monótono primer tiempo casi extinguido, un tiro libre de Pirlo se desviaría de manera fortuita en el hombro  de  Inzaghi:  era  el  1 a 0. A  los  62',  por un grosero descuido de Gattuso, Gerrard se escabulliría en el área para desafiar a Dida: salvaría con las manos. A los 82', una habilitación de Kaká a Inzaghi entre las abiertas líneas inglesas permitiría que el nueve burlara al portero Reina y rematara para el 2 a 0. A los 89', un cabezazo de Kuyt pondría solo para la estadística el 1-2. No habría tiempo para más. El Milan escupía toda esa rabia tolerada...

Maldini estaría muy sobrio en la final de Atenas. 
 Cinco
 títulos en ocho finales. El segundo máximo ganador junto a una larga lista de colegas... 

La formación del campeón

A mediados de 2007, el defensor de guante blanco amagaría con su retiro. Al enterarse que Boca Juniors colonizaba América con la Copa Libertadores, optaría por demorar su decisión para enfrentarlo. En agosto, un aperitivo para el Milan con Maldini exceptuado: la Supercopa de Europa -3-1 al Sevilla-. En diciembre, el ansiado Mundial de Clubes. 


El  13  de  diciembre  de  2007  los de Ancelotti  debutarían en las semifinales. Al trote, soplarían 1 a 0 al Urawa Red Diamonds de Japón -Seedorf a los 68'-. En la final ascendería Boca Juniors, cojo sin su diez, Juan Román Riquelme. En algo más de 20', los europeos atropellarían al equipo argentino:  Nesta  a  los  50',  Kaká  a  los  61',  e Inzaghi a los  71' sellarían el 4 a 2 para el flamante campeón mundial. Completarían la goleada Inzaghi a los 21' para el 1-0, Palacio a los 22' para el 1-1, y Ambrosini en contra a los 85' para  el  2-4.

A los días del Mundial de Clubes, Paolo fijaría una fecha para su retiro: junio de 2008.

La temporada 2007/08, o al menos el resto de ella, simbolizaría el ocaso para el Milan de Maldini. Quinto en la Serie A y por tanto excluido de la Liga  de  Campeones  2008/09.  En la Copa Italia, la endeble Catania lo eliminaría en octavos de final. En el torneo europeo, un intempestivo colapso...En octavos de final, el Giuseppe Meazza vería atónito el mazazo que le asestaría el Arsenal: primero con un bombazo de Fàbregas a los 84'. Hacia los 92', con el 2-0 de Adebayor. 

La ida en Londres había sido 0 a 0

En junio de 2008, se comunicaría que Paolo Maldini renovaba contrato hasta junio de 2009. Ampliaría a 24 las temporadas con el AC Milan. 


En la temporada 2008/09, el Milan realizaría una aceptable campaña por la Serie A: tercero detrás del Inter (1º) y la Juventus (2º). En la Copa Italia, lo derrotaría la Lazio en octavos de final. En la Copa de la UEFA, el Werder Bremen de su goleador Claudio Pizarro daría la nota al eliminarlo en el San Siro y por los dieciseisavos de final...

Los alemanes e italianos empatarían 2 a 2 en el Giuseppe Meazza. Como en tierras bávaras habían concluido 1 a 1, ese gol de más como visitante le brindaría a Pizarro y compañía la clasificación. Werder Bremen sería subcampeón en esta competencia. 

El  31 de  mayo  de  2009,  ante  la  Fiorentina  y en el Estadio Comunal Artemio Franchi, Paolo Maldini, de 41 años, se retiraba de las prácticas del fútbol. 

El adiós para el defensor de guante blanco...

Tendría por delante una larga trayectoria con la camiseta de su país...

La selección

El 31 de marzo de 1988, Maldini se uniría a la Nazionale con el amistoso que italianos jugarían ante yugoslavos -1 a 1-. En tono oficial, esa unión sería en la Eurocopa de junio de ese año. Se recostaría de lateral derecho y con la casaca  ocho. 


Eurocopa 1988

En diciembre de 1987, Italia se aseguraría la clasificación a la Eurocopa de Alemania en detrimento de Suecia, Portugal, Suiza y Malta. Postergado de la edición de 1984, se presentaría con un plantel actualizado casi por completo en comparación con el del Mundial de España 1982. A los que no se obviarían: los defensores Franco Baresi, Giuseppe Bergomi, y el delantero Alessandro  Altobelli. 

Por el grupo A, el 10 de junio de 1988 igualaría con Alemania 1 a 1. El 14, Vialli marcaría para el 1 a 0 con España. El 17, Altobelli y De Agostini para el 2-0 a Dinamarca. Los teutones y los italianos se clasificarían a semifinales. Por el grupo B, Holanda y la Unión Soviética. Justamente con los rusos, con quienes los de Azeglio Vicini se encontrarían: perderían por 2 a 0. Saldo alentador.

La UEFA votaría a Bergomi, Maldini, Giannini y Vialli para integrar el Once Ideal de la Eurocopa

Italia 1990

Ente el 8 de junio y el 8 de julio de 1990, se desplegaría en la nación del sur europeo la XIV Copa Mundial de Fútbol. Acusada de favorita, Italia derribaría  hasta  la  semifinal  a cada  uno de los adversarios recurriendo a su legendario catenaccio. De los veintidós seleccionados por Azeglio Vicini, solo seis actuarían en los siete compromisos: el guardameta Walter Zenga, los defensores Franco Baresi,  Giuseppe  Bergomi, Ricardo Ferri y Paolo Maldini, el volante Giuseppe Giannini, el delantero Salvatore Schillaci.La Argentina de Maradona la derrotada en semifinales y por penales -1 a 1 en los 120'-. En el partido por el bronce vencería por 2 a 1 a Inglaterra con goles de Roberto Baggio (71') y Salvatore Schillaci (86'), Platt (81') para los ingleses. Otros resultados: Italia 1 - Austria 0 (Schillaci 78'), Italia 1 - Estados Unidos 0 (Giannini 11'), Italia 2 - Checoslovaquia 0 (Schillaci 9' y Baggio 78'), Italia 2 - Uruguay 0 (Schillaci 65' y Serena 83'), Italia 1 - Irlanda 0 (Schillaci 38'). Zenga le usurparía la plusmarca al alemán Sepp Maier al mantener su valla en cero 517'.

A Salvatore Schillaci se lo elegiría mejor jugador de la copa, además de ser Bota de Oro de con seis goles
Baresi, Maldini y Schillaci irían al Equipo de las Estrellas

Estados Unidos 1994

Después del fiasco en las eliminatorias para la Eurocopa de 1992, Italia se metería en la Copa Mundial de 1994 a los trompicones. Por el reñido 1 a 0 a Portugal, en noviembre de 1993 y por las eliminatorias, los de Arrigo Sacchi se compraban   el   cupo   para   Estados  Unidos. 


El  18  de  junio  de 1994,  su  apertura  con Irlanda. El 0-1 corroboraría su por entonces inconsistencia futbolística y mental. El 23 de junio, ante Noruega, Italia vagaría por el precipicio: a los 21', al arquero Gianluca Pagliuca se lo punía con la roja directa. Con el virtual papelón acechando, Dino Baggio con un cabezazo a los 69' la sacaría del coma inducido (1-0). El 28 de junio, Massaro y Bernal pactarían el 1 a 1 con el que Mexico e Italia -tercera- se subirían a los octavos de final -Irlanda segunda-.  Se  cruzaría  Nigeria.
A los 88', Roberto Baggio y su clase evitarían que los africanos mandaran a los europeos a casa. En tiempo suplementario, nuevamente Baggio y de penal pondría el 2 a 1 y con ello a la Nazionale en cuartos de final.
Con España se daría otra de las funciones con su  diez  disfrazado  de  figura  y  salvador.  Por un estupendo misil de Dino Baggio y un unipersonal en un contragolpe de Roberto Baggio, 
la Italia del catenaccio desembarcaría así y una vez más en las semifinales. En este tramo se enfrentaría con una de las revelaciones:  la  Bulgaria  de  Hristo  Stoitchkov.
Pilotados por el Divino (Roberto Baggio), aquí se gestaría para la Azzurra su gran faena en esta Copa Mundial. En 45', destrozaría la moral de unos búlgaros carentes de enjundia y falta de respeto gracias, entre otras cosas, a las dos pinceladas de Roberto Baggio (20' y 25'). A los 44', Stoitchkov de penal marcaría el 1-2. Los 45' restantes, un trámite para los de Arrigo Sacchi. Bulgaria no patearía al arco. El rival de la final: la opulenta y temeraria Brasil de Bebeto y  Romário.

El gol nigeriano se concretaría tras una equivocación de Maldini para despejar un centro proveniente de un tiro de esquina. Baggio luego arreglaría las cosas...
Los goles de Dino Baggio a los 25' y Roberto Baggio a los 87' colocarían a Italia, como en 1990, en las semifinales.  A los 58' igualaría transitoriamente José Caminero para los españoles. Con la cosa 1 a 1, el arquero Pagliuca taparía con los pies un derechazo de Julio Salinas. 
La Italia de Roberto Baggio amilanaría a una Bulgaria sin experiencia para este tipo de partidos 

Contraramiente a lo que indicaría la prensa y los pronósticos, brasileños e italianos regalarían un magro espectáculo. Con Baresi y Baggio rengos, Italia se vería impotente de recordar actuaciones como la de España y Bulgaria. Brasil  se  las ingeniaría para  amenazar  con  el gol  del  campeonato,  pero  sin  la  serenidad  y la pericia necesaria. Las limitaciones de los europeos y los destinos en el arco de los sudamericanos, harían de esta final un desabrido 0 a 0. En los tiros desde los doce pasos, Baresi, Massaro y Baggio fallarían, por lo que Brasil se proclamaría  tetracampeón. 

Seria el primer 0 a 0 en una final de Copa Mundial. Aquí Maldini cortando a Romario.
El defensor y su compañero Roberto Baggio formarían parte del Equipo de las Estrellas.

Eurocopa 1996

El 8 de junio de 1996, en Inglaterra se celebraría la X edición de la Eurocopa. Italia retornaría para unirse al grupo C con Alemania, República Checa y Rusia. El 2 a 1 a Rusia y el 1-2 con los checos, demandaría en la Azzurra un triunfo ante Alemania si no quería depender de una ayuda de los rusos en su reto con los de Dušan Uhrin. Para su desgracia, su empate a cero junto al 3 a 3 entre rusos y checos, la descartaría  de  esta  Eurocopa. Un  fracaso. 

Italia no jugaba la Eurocopa desde 1988.
El portero alemán Köpke le pararía un penal a Zola que para Italia podría haber significado el gol de la clasificación a los cuartos de final.
El consuelo de Maldini: se sumaría otra vez al Once Ideal. 

Francia 1998

El 10 de junio de 1998, en Francia se llevaría a cabo la decimosexta edición de la Copa Mundial. Los entrenados por Cesare Maldini compartirían el accesible grupo B con Chile, Austria y Camerún. El afanoso 2 a 2 con los sudamericanos expondría cierta inquietud respecto del porvenir. Subsiguientemente, al trotecito Italia se cargaría a Camerún y Austria -3-0 a los africanos y 2-1 a los europeos-. 
En octavos de final aparecería Noruega. A los 18', de una asistencia para Christian Vieri, quien definiría al segundo palo tras capitalizar una muy mala cobertura defensiva, se tejería  el 1 a 0 con que italianos, en su salsa, la del catenaccio, se mezclarían una vez más en los cuartos de final. Los anfitriones, el próximo rival... 

Cesare y Paolo Maldini junto al delantero Christian Vieri

En el Saint-Denis y animados por 77 mil fanáticos, Les Bleus y la Azzurra interpretarían su saga de los cuartos de final. La fricción, el exceso y la imprecisión de centros y pelotazos, la tenue sintonía entre los armadores de juego y los  delanteros, más  la  impericia  para  acertar las ocasiones de gol que se crearían, serían los rasgos preponderantes del desapacible 0 a 0. En los penales, los de Aimé Jacquet prevalecerían  3-2. 

Se desvanecía la fantasía mundialista de la Italia de Cesare Maldini
Paolo Maldini jugaría los cinco partidos en este Mundial...

Eurocopa 2000

A partir del 10 de junio del 2000, en Bélgica y Holanda se desataría XI versión de la Eurocopa. Los de Dino Zoff se ubicarían el grupo B con Bélgica, Suecia y Turquía. Por el 2-1 a los turcos, el 2-0 a los belgas y 2-1 a los suecos, la selección italiana abordaría los cuartos de final ante  Rumania  con  un  torrente  de  confianza... 


Sostenidos por una alta dosis de eficacia ofensiva, la Azzurra se engulliría en 45' y por 2 a 0 a la Rumania de Gheorghe Hagi -expulsado por tirarse-. Francesco Totti (33') y Filippo Inzaghi (43'), los responsables de la irrupción italiana en semifinales. Holanda, una de las organizadoras, con  quien  se  dirimiría.   

Totti celebrando el 1 a 0

La tarde del 29 de junio, el Ámsterdam Arena sería testigo de uno de esos fenómenos que pocas veces se ha dado en este deporte. Aun sin afinidad ni soltura en la elaboración de juego, los de Frank Rijkaard malograrían de tres a cuatro opciones limpias y dos penales: uno Toldo se lo atajaría a Dennis Bergkamp; el otro Patrick Kluivert lo estrellaría en el palo. Los italianos, con diez promediando los 45' por roja a Gianluca Zambrotta, con la excepción de una volea de Stefano Fiore y fofo zurdazo de Marco Delvecchio, rara vez se desplazarían hacia el campo holandés. La semifinal se iría a los penales...

Italia no se cansaría de pegar esa tarde. Por el catenaccio de unos y la torpeza de otros, la semifinal se resolvería por penales.
Van der Sar le contendría su penal a Maldini
El enorme Toldo y sus dos paradas en los penales. La Nazionale iba a la final con Francia.

En la final, la numantina defensa italiana sería franqueada por la Francia de Zidane, Henry y Trezeguet...

En los 45' iniciales, franceses e italianos exhibirían sus romas intenciones: destellos de entusiasmo en un contexto de desorden táctico y apenas chispazos de fútbol. Con la promesa de un mejor segundo tiempo, a los 55' Marco Delvecchio recepcionaría un centro milímetro de Gianluca Pessotto para casi que empujar con su zurda la pelota a la red: 1 a 0. A los 94', y con Italia rogando el pitazo del árbitro, Sylvain Wiltord con un zurdazo al segundo palo pondría el 1 a 1. En la prórroga -gol de oro-, una Francia agrandada haría a los 103' el gol de la Eurocopa: David Trezeguet conectaría con una furibunda volea un pase-centro de Robert Pirès.

Con el 1 a 0 se plantearía otro escenario. Mientras los de Roger Lemerre atacarían por las bandas, con triangulaciones con Zidane como eje, y centros a la olla, los de Dino Zoff se  refugiarían y defenderían con un Toldo como principal baluarte, y  lanzarían contrataques que en este caso Del Piero y Delvecchio de manera inaudita errarían...
La Nazionale y una maldición que la acosaba desde la Copa Mundial de 1982... 
Toldo, Cannavaro, Maldini y Totti irían al Once Ideal de esta Eurocopa

Corea del Sur-Japón 2002

Del 31 de mayo al 30 de junio de 2002, en las regiones asiáticas de Corea del Sur y Japón se efectuaría la XVII entrega de la Copa Mundial de la FIFA. Italia se alojaría en el grupo G con Ecuador, México y Croacia, tercera en Francia 1998. El 2-0 a los sudamericanos por las conversiones de Vieri a los 7’ y a los 27’, hacía preveer una primera ronda pacífica para los de Trapattoni. Falso: de allí en más pulularían los dolores de cabeza. Con Croacia tropezarían 1-2. Con México, un yerro del juez de línea para con el lícito 1-0 de Inzaghi, un cara a cara de Totti pifiado con Oscar Pérez, y el sutil cabezazo y gol de espaldas al arco del delantero mexicano Jared Borgetti (34'), provocarían que Italia lindara con el abismo. Pero a los 85’, Alessandro Del Piero se anticiparía con su cabeza a un centro envenenado de Vincenzo Montella: era el 1-1. Por el 1-0 de ecuatorianos a croatas, la Nazionale se clasificaría a los octavos de final para  enfrentar  a  Corea  del  Sur…

Con Croacia, por la segunda fecha del grupo G, el resultado (1-2) solo se entendería por las distracciones de Marco Materazzi y Paolo Maldini, el palo en el tiro libre de Totti, y dos goles anulados a Inzaghi y Materazzi por presunto offside y falta en el área croata. 
En el segundo tiempo del partido con México, los de Javier Aguirre perdonarían y una moribunda Italia resucitaría... 

El  partido  de  Ialia-Corea del Sur  no  resistiría un análisis corriente. Byron Moreno, el pito encomendado por FIFA, arruinaría burdamente a los europeos con  sus veredictos u omisiones. 
En lo que sería una serie a todas luces desvirtuada, los de Guus Hiddink derrotarían 2-1 a los de Trapattoni. Los goles: Christian Vieri (18’), Seol Ki-hyeon (88’) y Ahn Jung-hwan (117’) -superaría en el salto a Maldini-.
Los principales horrores del árbitro Byron Moreno serían: planchazo de Hwang Sun-hong a Zambrota pasible de roja -el lateral pediría el cambio-, offside inexistente de Damiano Tommasi en su gol, el del 2 a 1 -por la norma del gol de oro Italia hubiera pasado a cuartos de final-, penal no pitado a Totti, roja tras esta jugada por creer que había simulado...
Maldini y Del Piero reclamándole al árbitro ecuatoriano. En 2015, el diario Corriere dello Sport publicaría un informe detallado en el que advertiría de los beneficios que recibiría Corea del Sur en el Mundial de 2002.

Datos de color

El 16 de febrero se 2008, ante el Parma, Paolo Maldini jugaría su partido 1000…
902 encuentros jugados, cifra sin precedentes en el AC Milan. Artífice de 33 goles.
En la historia de la Serie A, segundo con 647 juegos -el primer puesto para Gianluigi Buffon-.
Capitan del Milan de 1997 a 2009. De allí su apodo  -il Capitano-.
126 presencias con la selección -primereado en 2009 por Fabio Cannavaro. 74 de estas presencias con la cinta en el brazo -récord-.
Reuniría siete Scudettos, una copa y cinco Supercopas italianas, cinco Ligas de Campeones, cinco Supercopas de Europa, dos Copas Intercontinentales y un Mundial de Clubes.
El jugador con más títulos en la historia en el AC Milan:  26.
En su honor, se apartaría la camiseta 3. Solo sus  hijos  Christian y Daniel,  ex  integrantes  de las categorías inferiores del Milan, tendrán la anuencia para ponérsela. Así lo garantizaría el vicepresidente  Adriano Galliani.
Cesare en 1962/63 y Paolo en 2002/03 y 2006/07, son el único dúo familiar de la historia en ganar como capitanes el torneo de clubes europeo  más  valioso.

Participaría con su Milan de las 58 fechas invicto en la Serie A entre 1991 y 1993.  
Jugador de más edad en anotar en una final de Liga de Campeones (2004/2005). 

El futbolista de más minutos (2217) en los archivos de la Copa Mundial de la FIFA. Por debajo,  Lothar Matthäus  con  2052. 
Una sola roja directa y tres más por doble amonestación en 25 temporadas en la Serie A.
Con su compañero Alessandro Costacurta, el que más finales jugaría por la Copa Intercontinental  (5).  
• 8 finales disputaría por la Liga de Campeones. Uno de los dos futbolistas que más veces en la historia la jugaría -el otro, el español Francisco Gento del Real Madrid-. 
Poseedor de más Supercopas de Europa (4) junto al brasileño Dani Alves. 
Desde 2018, es el Director de Estrategia y Desarrollo Deportivo de la Associazione Calcio Milan. 


Núcleo privado

En 1994, Paolo Maldini desposaría a la ex modelo venezolana Adriana Fossa. Traerían dos hijos: Christian -14 de junio de 1996- y Daniel -11 de octubre de 2001-. Enrolados en la cantera del Milan, en 2020 se elevaba a Daniel -mediapunta- al plantel profesional. Christian, defensor como Paolo, actualmente milita en el SSD Pro Sesto  de  la  Serie C  italiana. 
Hacia el 2020, a la leyenda y Daniel les diagnosticarían  COVID-19.

Copropietario y cofundador desde 2015 del Miami Football Club de la USL Championship, la segunda liga más relevante de fútbol en Estados  Unidos.

Aficionado al tenis, en 2017 se lo convencería para concursar, en la modalidad dobles, del torneo Challenger Aspria Tennis Cup de Milan. En pareja con su couch, Stefano Landonio, los vapulearían el polaco Tomasz Bednarek y el holandés  David  Pel  por  6-1  y  6-1.

Recientemente, el ex defensor declararía por Instagram en una conversación con Christian Vieri: “Soy el jugador más perdedor de la historia. Gané muchísimo, pero perdí tres finales en Champions, tres en la Intercontinetal, una en el Mundial, una en la Eurocopa, y una Supercopa de Europa. En la selección tuve grandes equipos; lamentablemente perdimos por penales -alude a Italia-Brasil de 1994-. En 2006, Marcello Lippi me llamó y le dije que no por respeto a Giovanni Trapattoni, al que le había prometido que dejaría la selección. Cuando Italia ganó la final en Berlín contra Francia pensé: 'ok, tengo mala suerte'”.

Premios y reconocimientos

Mejor jugador del mundo para la revista World Soccer (1994).
Mejor Defensa de la Liga de Campeones de la UEFA, edición 2006/07.
•  Segundo lugar en el premio Jugador Mundial de la FIFA (1995). 
Balón de Bronce en 1994 y 2003.
Parte del Equipo de Ensueño de la Copa Mundial  FIFA  (2000).
Para Edson Arantes Pelé, Paolo Maldini está en la lista FIFA de los 125 mejores jugadores vivos  de  la  historia  del  fútbol  (2004).
Oscar del Calcio como Mejor Defensa Italiano (2004).
En 2008, se le dedicaría la Orden del Mérito de la FIFA.
Para 2012, se lo inscribiría en el Salón de la Fama del Fútbol Italiano. En 2013, en el Salón de la Fama Internacional (FIFA).
Se lo añadiría en el XI Histórico de la Eurocopa (2016).
Se lo incluiría en el Once de Oro histórico del Balón de Oro de la revista francesa France Football  (2020).